Cómo descubrir qué te apasiona cuando no lo tienes nada claro
Actualizado el 8 min de lectura
En resumen
Una pasión no tiene por qué aparecer de golpe: puede construirse probando cosas pequeñas y fijándote en cuáles te dan energía. Para descubrirla sirven un registro de energía de dos semanas, mirar qué haces sin que te lo pidan y hacer experimentos baratos de pocas horas. Si hoy no tienes ninguna, no es un defecto: te faltan datos sobre ti.
- Un interés puede desarrollarse con el tiempo y con práctica; creer que hay que encontrarlo ya hecho se asocia con menos interés por lo nuevo.
- Dos semanas de registro de energía te dan más datos sobre ti que una tarde entera de reflexión.
- Las pistas útiles son verbos (explicar, organizar, arreglar), no nombres de profesiones, porque un mismo verbo cabe en muchos oficios.
- Un buen experimento cabe en una tarde, no te compromete a nada y termina con una nota escrita.
- La IA es un campo fácil de probar sin gastar, porque hay formación gratuita, pero es una opción entre muchas.
En este artículo
No hace falta que descubras tu pasión de golpe: puedes buscarla probando cosas pequeñas y fijándote en cuáles te dan energía y cuáles te la quitan. Si hoy no tienes ninguna, no te pasa nada raro. Tienes pocos datos sobre ti, y esos datos se reúnen en unas semanas con ejercicios sencillos.
Aquí tienes cuatro ejercicios con instrucciones (qué apuntar, cuánto tiempo, qué mirar al final), una forma de probar cosas sin arriesgar nada y un calendario de seis semanas. Sirven si trabajas o buscas trabajo y quieres saber cómo encontrar tu pasión sin cambiarlo todo de un día para otro.
¿Y si no tengo ninguna pasión?
No tener una pasión clara no indica que te falte nada. A menudo lo que pasa es que buscas una pasión ya hecha, escondida en algún sitio a la espera de que la encuentres, y esa forma de buscar puede jugar en contra.
Un trabajo de los psicólogos Paul O'Keefe, Carol Dweck y Gregory Walton, publicado en 2018 en Psychological Science, comparó en cinco estudios con estudiantes dos maneras de pensar: que los intereses vienen dados y solo hay que descubrirlos, o que se desarrollan con el tiempo. En los experimentos, quienes pensaban lo primero mostraban menos interés por temas ajenos a lo que ya les gustaba y, ante un texto científico difícil, perdían más interés.
Los autores no niegan que existan intereses fuertes, pero advierten de que empujar a la gente a «encontrar su pasión» puede llevarla a apostarlo todo a una sola carta. Lo que sugiere el trabajo es más práctico: si tratas el interés como algo que se cultiva, tienes más margen, porque puedes empezar por algo que solo te interesa un poco. Eso cambia la tarea. No tienes que encontrar nada: tienes que reunir pistas y cultivar las mejores.
¿Qué ejercicios funcionan para descubrir qué te gusta?
Los ejercicios útiles para descubrir qué te gusta son los que recogen datos de lo que haces, no de lo que imaginas. Aquí van cuatro: tres se hacen con papel y el cuarto consiste en probar cosas, y lo tienes en el apartado siguiente.
| Ejercicio | Cuánto dura | Qué miras al final |
|---|---|---|
| Registro de energía | Dos semanas, cinco minutos cada noche | Qué tienen en común las actividades que te suben la energía |
| Lo que haces sin que te lo pidan | Una tarde, 30 minutos | Qué verbo se repite |
| Pistas de la infancia | 20 minutos | Qué ingrediente se repite, no qué oficio |
| Pequeños experimentos | Entre una y tres horas cada uno | Cuál te ha dado ganas de seguir |
Registro de energía
Cada noche, durante dos semanas, apunta tres cosas que hayas hecho ese día. Pueden ser una reunión, cocinar, arreglar una hoja de cálculo, atender a un cliente o cuidar a alguien. Al lado de cada una pon un más, un menos o un igual, según te haya dejado con más energía, con menos o igual. Añade dos datos: si estabas solo o con gente y si seguías instrucciones o decidías tú.
Al acabar, subraya las actividades con un más y busca lo que comparten: no la tarea en sí, sino el tipo de situación. Mira también los dos datos de cada línea. ¿Los más se juntan cuando estabas con gente o a solas? ¿Cuando decidías tú o cuando seguías instrucciones? Puede que lo que te suba la energía sea explicar cosas a otros, da igual que sea a un compañero nuevo o a un cliente. Eso es una pista mucho más útil que «me gusta mi trabajo» o «no me gusta».
Lo que haces sin que te lo pidan
Apunta diez cosas que haces por iniciativa propia, dentro y fuera del trabajo: ordenar el archivo compartido, informarte de un tema un domingo, organizar la cena de la familia, ayudar a un vecino con el móvil. Después pregunta a tres personas que te conozcan bien: «¿para qué me pides ayuda?». Compara sus respuestas con tu lista. Lo que coincide es una pista fiable. Lo que solo ven los demás puede ser un talento que a ti te parece normal.
Pistas de la infancia
No se trata de que a los doce años ya supieras qué querías ser. Apunta qué hacías durante horas entre los 10 y los 14 años y qué parte de eso disfrutabas: desmontar aparatos, inventar historias, organizar a los primos para un juego, coleccionar y clasificar. Quédate con el verbo y no con el oficio. «Organizar a los primos» puede acabar en coordinar proyectos, dar clases o montar eventos, y el oficio ya saldrá después.
¿Cómo pruebo algo sin arriesgar nada?
Para probar algo sin arriesgar nada, diseña experimentos que quepan en una tarde, no te comprometan a nada y terminen con una nota escrita. La investigadora Herminia Ibarra, de la London Business School, que ha estudiado a profesionales en plena transición de carrera, sostiene en su libro Working Identity que saber qué quieres hacer es el resultado de hacer y probar, no de pensarlo antes.
Cuatro formatos que cuestan poco:
- Una conversación de veinte minutos con alguien que hace eso a diario. En no sé qué estudiar tienes un mensaje para pedirla y las cinco preguntas que conviene llevar.
- Una tarea de prueba de una hora: escribir un texto, analizar una tabla, diseñar un cartel, preparar una clase corta.
- Un curso gratuito de una o dos horas sobre el tema.
- Una mañana de voluntariado en algo relacionado.
Después de cada experimento, responde por escrito a tres preguntas: ¿me ha costado dejarlo?, ¿he tenido ganas de seguir?, ¿qué me ha molestado? Si te ha costado poco dejarlo y no tenías ganas de seguir, también has aprendido algo y te has ahorrado una matrícula.
¿Y la inteligencia artificial?
La IA es un campo donde resulta fácil probar sin gastar, por una razón práctica: hay formación gratuita que no pide programar ni matemáticas complicadas, como Elements of AI, y cursos cortos de una a seis horas en el Cibernàrium (mira en su ficha y en su web qué hay abierto ahora). Haz la primera hora, apunta cómo te has sentido y decide con eso.
Como la IA está entrando en tareas de oficios muy distintos, como redactar, resumir u ordenar datos, probarla una hora también te dice qué parte de tu trabajo actual puede cambiar. Es una opción entre muchas: no hace falta que acabe siendo lo tuyo. Si te pica la curiosidad y quieres comprobarlo con más calma, cómo saber si la IA es lo tuyo propone una semana de pruebas.
¿Cómo distingo un interés de verdad de una ilusión pasajera?
Un interés de verdad se distingue de una ilusión pasajera en que vuelves a él por tu cuenta cuando nadie te lo pide. Date tres semanas de margen (una regla práctica nuestra): si en ese tiempo has vuelto varias veces sin obligación, algo hay. Si solo te acordabas cuando lo contabas, probablemente te gustaba la idea y no la actividad.
Fíjate también en qué pasa cuando se complica. Perder las ganas en cuanto algo cuesta es habitual, y el estudio de antes sugiere que es más fácil caer en ello si crees que un interés de verdad te daría motivación constante. Si te cuesta y aun así quieres entender cómo se hace, es una buena señal. Si te cuesta y solo sientes aburrimiento, probablemente esa actividad no es para ti, y saberlo también es un dato.
¿Cuánto tiempo hace falta para saber qué te gusta?
Seis semanas dan para una primera hipótesis sobre qué te gusta, no para una decisión de vida. Este calendario es una propuesta: ajústalo a tu agenda.
- Semanas 1 y 2: registro de energía cada noche y, en un día libre, la lista de lo que haces sin que te lo pidan.
- Semana 3: pistas de la infancia y la pregunta a tres personas que te conozcan bien. Al final escribe tres hipótesis, por ejemplo «me gusta enseñar», «me gusta ordenar procesos» o «me gusta entender datos».
- Semanas 4 y 5: un experimento por hipótesis, de los formatos que has visto antes.
- Semana 6: media hora de revisión. ¿Qué hipótesis sigue viva? ¿Cuál se ha apagado? ¿Qué experimento harías ahora?
Un ejemplo inventado: una persona de 42 años trabaja en el almacén de una empresa de logística y no tiene claro qué quiere hacer. Tras seis semanas puede que no sepa qué profesión le apasiona, pero sí que le sube la energía enseñar cosas a gente nueva y que analizar datos le aburre. Eso ya es una dirección.
¿Qué hago con lo que descubra?
Lo que descubras conviértelo en un paso pequeño, no en una decisión grande. Tienes tres salidas habituales y se pueden combinar:
- Más de esto en tu trabajo actual: pide una tarea concreta, un proyecto pequeño o cambiar parte de tu función.
- Un proyecto de fin de semana: un grupo, un taller en una asociación, una pequeña consultoría para alguien conocido.
- Formación para profundizar, empezando por la gratuita antes de pagar nada.
No todo interés tiene que ser tu trabajo. Algunos funcionan mejor como afición y no pasa nada. Para ver cuáles pueden convertirse en algo más, tienes el ikigai aplicado a tu carrera, y si ya tienes varias direcciones y te cuesta elegir, el método para decidir qué estudiar.
Si lo que te ha picado es la IA, empieza por la formación gratuita o por la ruta de cuatro semanas, y si quieres que te propongamos un primer paso según tu tiempo y tu idioma, usa el recomendador. En Portal Formación te avisamos cuando hay formación nueva que merezca la pena, sobre todo gratuita: puedes dejar tu correo en el aviso de más abajo.
Preguntas frecuentes
¿Es normal no tener ninguna pasión?
Sí, es normal y no es un defecto. Puede significar que aún no has probado suficientes cosas distintas o que estás esperando a que una afición aparezca ya hecha. Empieza por lo que te da más energía, aunque sea pequeño, y dedícale unas semanas antes de juzgarlo.
¿Cuánto tiempo hace falta para descubrir qué te gusta?
Unas seis semanas dan para una primera hipótesis: dos de registro de energía, una para las pistas y las preguntas a gente que te conoce, dos de experimentos pequeños y una de revisión. No es una decisión de vida, es una dirección. Después se repite con la hipótesis que siga viva y se va afinando.
¿Y si lo que me apasiona no da dinero?
No todo interés tiene que ser tu trabajo. Puede ser una afición, un proyecto de fin de semana o algo que haces en tu empleo actual. Para valorar si puede ser algo más, mira qué problemas resuelve para otras personas y quién pagaría por ello, y prueba a pequeña escala antes de cambiar nada.
¿Tengo que probar la IA para descubrir mi pasión?
No. La IA es solo un campo más donde probar barato, porque hay cursos gratuitos para quien no sabe programar. Si te llama la atención, dedícale una hora y apunta cómo te has sentido. Si no, prueba con lo que te resulte más curioso.